5. Participación en las elecciones sindicales y en los conflictos y luchas sociales
5.1. Participación en las elecciones sindicales
5.1.1. Apuntes sobre el contexto histórico
A parte de otras consideraciones que puedan hacerse sobre sus consecuencias, la clase
obrera fue la gran derrotada, la clase vencida de la guerra civil. Durante las cuatro décadas
de la dictadura, el régimen alimentó y sostuvo la división entre vencedores y vencidos y,
consecuentemente, la clase obrera fue considerada por el régimen y por la inmensa mayoría
de la patronal, la clase social a la que había que mantener controlada ante cualquier atisbo
de demanda, aunque sólo fuera para reclamar las cuestiones más básicas de subsistencia.
Las condiciones de vida de los trabajadores durante los años cuarenta fueron de una
extrema dureza y no se llegó a recuperar un índice de nivel de vida igual al que tenían los
trabajadores españoles antes de la guerra civil hasta bien entrados los años cincuenta. La
jornada laboral se alargó, el trabajo infantil se incrementó y se produjo un descenso brutal
del poder adquisitivo de los salarios. Según Carmen Molinero y Pere Ysàs
1
, el incremento
del coste de la vida en Barcelona entre 1936 y 1950 fue del 540% y el de la alimentación
llegó al 733%. A estos datos es necesario añadir que sólo un 30% de la distribución de los
alimentos de consumo se hacía por la vía del racionamiento mientras que el 70% se hacía
en el mercado negro, donde los precios era desorbitados y fuera del alcance de la mayoría
de la población. El hambre formó parte de la vida cotidiana de un sector de la población,
sobre todo de la población inmigrada, que, en muchas ocasiones, carecía de vivienda y
debía recurrir a las chabolas o cuevas
2
.
En las antípodas de esta situación estaban las clases y grupos que habían dado su apoyo a
los sublevados durante la guerra civil y los nuevos ricos que aprovecharon todas las
posibilidades que les facilitaba la política económica del régimen para enriquecerse a su
sombra. No es de extrañar, pues, que desde el primer momento hubiese una oposición
obrera al régimen aunque el contexto político nacional e internacional fuese tan adverso.
Liquidadas las organizaciones históricas y desaparecidas las esperanzas de la oposición
después de comprobar, con decepción y amargura, como los aliados no intervenían en
España, el movimiento obrero quedó al margen sólo reanimado por algunas acciones de
1
Carmen Molinero y Pere Ysàs, “Patria, justicia y pan”. Nivell de vida i condicions de treball a
Catalunya. 1939-1951. Barcelona, 1985, p.241.
2
El testimonio de Pedro Córdoba Nieto, entrevistas del 14 y 18 de febrero de 1997, es representativo
de esta situación. Este militante procedente de Las Higueras, un pequeño pueblo de la provincia de
Córdoba, emigró a Barcelona en los años cincuenta y, junto con su familia, se instaló en una cueva
de un barranco de Espulgues de Llobregat.
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