El día que se consolidó el 'cordón rojo'
Se cumplen 10 años de la huelga general que paralizó el Baix Llobregat
Cornellá - 8 JUL 1984
El cinturón rojo formado alrededor de Barcelona por las comarcas más
industriales, consolidó su nombre hace ahora 10 años, a principios de julio de
1974. Los conflictos laborales latentes, agravados por el crecimiento de la
inmigración, el hacinamiento y las relaciones sindicales y políticas de los
momentos de descomposición del franquismo, se concretaron en una huelga
general. Las movilizaciones, puntuales primero, se extendieron rápidamente a
toda la comarca del Baix Llobregat. Hoy la historia explica ya aquel
acontecimiento como pieza clave para el movimiento obrero español reciente.
Treinta mil trabajadores y alrededor de 400 empresas fueron a la huelga en
solidaridad con unos despedidos de las empresas Elsa y Solvay y en
reivindicación del convenio comarcal siderometalúrgico. La vieja estructura del
sindicalismo vertical sirvió a los dirigentes obreros como marco de la
convocatoria.
La censura de la época trastocó el nombre de la huelga general del Baix
Llobregat, iniciada el 4 de julio de 1974, y la convirtió en "paros generalizados",
el eufemismo forzoso entonces para los medios de comunicación. La comarca,
que en esa época tenía ya 500.000 habitantes, había recibido durante los años
cincuenta y sesenta una gran corriente de inmigrantes en medio de un
crecimiento urbanístico especulativo y sin planificación, no acompañado por los
servicios y equipamientos necesarios. Este contexto favoreció el desarrollo de
un movimiento obrero reivindicativo. Hay que tener en cuenta que el mercado de
trabajo español de 1974 ofrecía un índice de desempleo de sólo un 1,24%. La
historia de las batas
El origen de la huelga fue la negociación del convenio colectivo en Elsa y en
Solvay. Las direcciones ofrecían aumentos salariales mínimos. En Elsa se
proponían, además, unos cambios de turno y de condiciones de trabajo que los
trabajadores no aceptaban. Tras unos paros iniciales de protesta, la dirección de
Elsa despidió a dos dirigentes: Carles Navales y Pepe Martínez. Estos despidos
provocaron reacciones de solidaridad, lo que se tradujo en el despido de la
totalidad de los 700 integrantes de la plantilla. En Solvay, en un proceso
parecido, los despedidos fueron 64 y el resto de la plantilla fue sancionada.
El conflicto coincidió con la negociación del convenio comarcal del Metal, a cuya
concreción se negaban los empresarios. Este hecho permitió que las zonas norte
y sur del Baix Llobregat tuvieran un punto de referencia y una sensibilidad común
por el tema.
La convocatoria de huelga general llegó dentro de un proceso en el que confluían
la inquietud del movimiento obrero y una creciente concienciación ciudadana en
casi toda Cataluña. La popularidad de los trabajadores represaliados, por