La vida de Chris
Había una vez una niña llamada Chris. Nació en una familia mágica que era muy
conocida, pero tenía un problema, que ella no era mágica. Ellos vivían en una
dimensión que se llamaba Loquilandia. Sus padres estaban muy preocupados, ya
que su hija no era mágica. Esperaron a que la niña fuera más mayor para ver si
seguía con el mismo problema. La niña creció y seguía sin su magia. Su familia se
tuvo que acostumbrar a que la niña no tuviese magia. La niña creció y se hizo
adulta, encontró trabajo como diseñadora, pero seguía sin magia. Hasta que un día
se enamoró de un chico que tenía el mismo problema que ella.
Ellos se hicieron muy buenos amigos; sin embargo, ella tenía miedo a confesarle lo
que sentía, pero ella no sabía que él sentía lo mismo.
Pasaron años así, hasta que Chris decidió confesarle todo a su amigo. Él le dijo que
sentía lo mismo por ella desde hacía mucho tiempo. Desde ese día empezaron a
salir, pasaron dos años y se casaron. Y de repente tuvieron magia los dos, pero no
sabían cómo usarla, así que les pidieron ayuda a los padres de Chris. Sus padres
se pusieron muy contentos.
Chris y su marido intentaron tener un hijo, pero Chris tuvo un aborto natural.
Se pusieron muy tristes y esperaron un año para volver a intentarlo.
Lo volvieron a intentar y lo consiguieron, pero tenía el mismo problema que ellos.
Sin embargo, tuvieron otro hijo que sí tenía magia. Después de la última hija que
tuvieron Chris se convirtió en una diseñadora muy famosa y él en jugador de
baloncesto.
Los niños se convirtieron en muy buenos jugadores de baloncesto como su padre,
desde pequeños ya jugaban bien.
La niña fue una gran diseñadora como su madre y llevó el negocio que tenía su
madre. Se convirtió en el negocio de diseñadoras familiar.
En esa familia la tradición era que las mujeres diseñaban bien y los hombres
jugaban baloncesto bien. Un día a Chris la llamaron del colegio, lo que pasaba era
que el hijo que no tenía magia consiguió tener magia.
Sus padres no sabían porqué. Y para saber por qué tenía magia de repente fueron a
la casa de los padres de Chris para saber si a algún antepasado le había ocurrido lo
mismo.
La respuesta a sus padres fue… que sí era, que hace mucho tiempo un niño
llamado Jairo tenía el mismo problema, pero a él le pasaban cosas como que
siempre tenía mala suerte, pero un día él estaba muy feliz, porque ese día no tuvo
mala suerte y él gritó: “¡tengo magia!” Y se emocionó mucho.