DON LORENZO DEL REVOLVER
En un lugar de Texas cuyo nombre no sé pronunciar, vivía un niño de 13 años llamado
Lorenzo y cuyos antepasados habían emigrado de México a esas tierras.
Vivía en una casa muy pequeña en medio de la nada con su abuelo. Este no pasaba
mucho tiempo con Lorenzo, ya que solo tenía ojos para su Ford Mustang del 83´.
Durante el tiempo que pasaba con su nieto le contaba historias de vaqueros que
vivieron sus familiares. A Lorenzo le fascinaban esas historias, tanto que empezó a
obsesionarse y a entrar en una extraña locura.
Un día su abuelo salió a pasear por los alrededores y a Lorenzo, cegado por su
demencia, se le ocurrió convertirse en un vaquero y emprender una aventura. Cogió
un revólver y fue en busca de un viejo arcón del trastero. Lo abrió y sacó ropa antigua
de su abuelo. Sólo le faltaba el caballo. Cogió la llave del coche de su abuelo que se
encontraba en la mesa del comedor. Se dirigió al patio y entró en el Mustang (tipo de
caballo en inglés). Empezó a conducirlo mientras destrozaba el patio. Lorenzo ya le
había pillado el tranquillo. Entró en la autopista a 150 Km/h y empezó a disparar al aire.
Llegando ya al estado de California, estaba Lorenzo siendo perseguido e investigado
por el FBI. Paró en la cuneta de la carretera, salió del coche, quitó las dos matrículas
del Mustang y las tiró al bosque. Se volvió a montar en el ¨caballo¨ y tomó rumbo a los
Ángeles.
A 50 kilómetros de llegar a la ciudad, paró en una gasolinera. Bajó del vehículo y cerró
la puerta. En ese momento, vio a un hombre repostando su coche. Lorenzo confundió
la manguera del surtidor con un látigo, y pensó que el hombre quería secuestrar su
¨caballo¨.
- ¡Pagarás por tus actos! - exclamó Lorenzo mientras sacaba su revólver.
El hombre, asustado, se escondió detrás de los surtidores de la gasolinera mientras
Lorenzo empezaba un tiroteo. La gente comenzó a correr y a alejarse del lugar. Una
gran cantidad de balas chocaron contra los surtidores, causando una fuga de gasolina.
Y en el momento en el que una bala impactó con la gasolina, hubo una explosión de
grandes magnitudes dejando la gasolinera en llamas. Lorenzo salió por los aires, pero
no le causó ninguna herida grave. Cojeando un poco, montó en el Mustang orgulloso
de su acción a pesar de las lesiones y comenzó a conducir. Volvió a la carretera y
siguió su camino.
Al llegar a la ciudad aparcó en la acera, donde había un cartel que ponía ¨deja a tus
mascotas en la acera y no entres con ellas en las tiendas¨. Entonces Lorenzo le dijo a
la suya:
-Tranquilo, chico, las normas son las normas. Voy a comprarte algo para comer.